Décimo sexta experiencia CAS
Décimo sexta experiencia
En esta ocasión casi todos los proyectos a excepción de Recológico fuimos a una visita diagnóstica en Montenegro, junto a una parroquia que apoya un comedor popular para niños: principal razón de nuestra visita. El día consistió en una primera introducción al espacio de comedor que las mujeres tienen dentro de la Iglesia, donde ellas horneaban, cocinaban e incluso hacían manualidades para su desarrollo sostenible. Luego tuvimos que caminar bastante en alto por las escaleras y finalmente la tierra para llegar a la ubicación del comedor con el que trabajaríamos el servicio, bastante pequeño pero hospitalario, pues cuentan con el apoyo de más de diez madres de familia dispuestas a armar desayunos y hacer almuerzos para los niños que estudian por la zona.
Como he señalado antes, no tengo costumbre de hacer ejercicio, así que casi tropiezo repetidas veces en la subida al cerro, teniendo (afortunadamente) el apoyo de Gianfranco que siempre me ofrece la mano y me agarra del brazo cuando me voy a caer o no pongo un paso seguro. Mi meta para el próximo año es ser capaz de hacer lo mismo, no solo de perder el miedo a caerme y golpearme como cuando era niña y aquello era diario, pero también para poder ofrecer yo misma fuerza y apoyo a mis compañeros que por tanto tiempo lo han hecho.Hay muchos sentimientos encontrados cuando se llega a la cima. Uno ve los cerros llenos de casas que nunca están terminadas, sin escaleras (lo que vuelve el espacio sumamente peligroso en caso de sismo), con perros guardianes por todos lados porque allí arriba es imposible mantener la seguridad bien establecida, cuando oye la historia de cómo terminaron las señoras dejando su antiguo espacio para el comedor y cómo habían sido asaltadas en ese lugar anterior; y aprietas los puños con frustración porque no es justo que tanta gente tenga que vivir en esas condiciones. Puede que tengan sus necesidades básicas cubiertas solo que incluso así no es correcto que una parte del país tenga tanta dificultad provocada por las carencias socioeconómicas y otro sector se enriquezca a costa de quitarles. Con esto no busco negar el capitalismo o desarrollo privado, pero da vergüenza que un Estado que "vela por nuestro bien" pueda ser tan indiferente a sus necesidades y tenga incluso el descaro de robarnos a todos como población cuando de nuestro dinero como un grupo puede atenderse a las minorías de la comunidad.
Más allá del tema de la indignación que uno atraviesa, está el otro sentimiento, el positivo. Cuesta vivir así como esas personas lo hacen, pero ellos tienen más creatividad, actividad y servicio de lo que yo posiblemente logre en el año. Creatividad porque para algo como el comedor, en un lugar tan improvisado (no saben hasta cuando podrán estar allí), hallan distintas formas de sacar provecho al espacio, los utensilios y bienes, porque pueden adaptarse y trabajar en equipo entre las madres y el apoyo del Padre y la trabajadora social para lograr que funcione el comedor con los veinte o treinta niños a los que prestan ayuda. Actividad porque si para mi fue un reto subir ese cerro, tengo bastante reconocimiento por la habilidad de todas esas personas para cargar las pesadas cajas de comida hasta su ubicación, y tener que subir y bajar diariamente para incluso usar algo como una licuadora que no tienen en ese lugar todavía. Y servicio porque cuando hablé con las mujeres me enteré de que aunque varias tenían hijos, ellas estaban allí porque querían ofrecer ayuda a sus vecinos y las familias de estos. Eso es, exactamente, el servicio sin buscar nada a cambio y a favor de su más cercana comunidad. Es admirable la cantidad de trabajo y sacrificio de su tiempo que estas personas están dispuestas a dar. Yo disfruto de la labor social, me gusta ir y hablar con las personas porque legítimamente agradezco la oportunidad que me dan de conocer una realidad diferente y abrirme la puerta a los espacios con los que se familiarizan, además de que así siento que estoy haciendo algo útil por mi sociedad y que no estoy tan alienada/alejada del resto de mis compatriotas. No soporto que algunas personas adquieran el sentimiento de superioridad o complejo de héroe cuando prestan servicio solidario porque no debe ser así, no se trata de alimentarse el ego al hacer labor social sino de aprender de esta. Lo bueno es que casi todos mis compañeros comparten esa mentalidad de querer hacer algo y disfrutar de conocer gente nueva y poder colaborar con esta.
Realizamos varias preguntas y recopilamos datos respecto al comedor porque como somos prensa, Lorena nos animó a escribir algo pronto sobre la visita, así que todos obtuvimos mucho conocimiento de la experiencia que esperamos poder llevar luego a un texto.
Aprendizaje: Creo que más que nada reforcé mi actividad, pero aprendí a planificar una actividad porque ahora que ya sabemos cómo está el lugar y lo que tienen y de lo que carecen, ya estamos formulando varias ideas sobre cómo mejorar el comedor y facilitar la situación para las madres.

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